sábado, 29 de noviembre de 2008
Amanecí sin ella
Ella se da la vuelta e inicia una pequeña obra en la que interpreta a alguien que se despierta y se alegra de verme. "Buenos días, cariño" dice con voz nasal. Yo le sonrío, probablemente con una expresión estúpida en mi cara. Despeinada y con los ojos hinchados por el sueño me devuelve la sonrisa. Así deben de esperarte los ángeles cuando te mueres y vas al cielo. Su cuerpo tibio busca el mío y se acurruca en un gesto inocente que agradezco desde tan adentro que estoy seguro que nunca antes había sentido tanta gratitud hacia algo tan pequeño. Tiene la cabeza en mi pecho, así no puedo mirarle a los ojos, esto no me gusta, una alarma se enciende. Mi corazón palpita con más fuerza y ella lo percibe. Se da cuenta de que yo ya lo intuyo y empieza a hablarme sin mirarme a los ojos, allí, en las profundidades de mi alma, me dice que está cansada de huír, que ya no quiere seguir con la mala vida, que buscará un trabajo, se buscará un apartamento de alquiler, que dejará de salir sola y de noche, que tratará de empezar una nueva vida... en la que no quiere nada del pasado. Mi corazón se paraliza. Está bien, fracasado, ahora sí que es el fin, sabes que esta vez es la definitiva, que cuando te despidas esta vez de ella se la tragará la tierra. A ella, a Eva, a la posibilidad de ser un hombre normal con una vida común. Ahora sí que sabes lo que es estar muerto, lo que es no tener esperanza. Tu esperanza era ella, que ella te quisiera lo suficiente como para poder empezar algo juntos. Está bien, fracasado, sabes que cuando os despidáis ella tirará tu número de teléfono y no te buscará ya nunca más. Lo sabes, porque su cuerpo respira una paz que nunca antes le habías notado. Esa debe de ser la paz que después de muchos años y muchas equivocaciones acaba uno teniendo consigo mismo. Tú eso nunca lo sabrás y la envidias por eso. La envidias y la admiras. "Está bien, princesa. Cogeremos el coche y te dejaré donde tú digas" le digo.
Horas más tarde, dentro del coche, me da un beso y se baja en una esquina de una calle del centro de una ciudad con anchas aceras y muchos árboles. Y la veo alejarse. Su cuerpo menudo se pierde entre la gente. Pensé que esta vez sí y fue que esta vez nunca más, mala suerte. No recuerdo una vez en la que me haya sentido tan derrotado. Me pongo a llorar. Nunca antes lo había hecho que yo recuerde, ni cuando era un niño. La gente que pasa por la calle me mira de reojo. Nadie me dice nada. Me miro en el retrovisor y veo a alguien al que ya no le queda nada, ni tan siquiera la esperanza de morir por ella.
Regresó e hicimos el amor
Llegó con unas bolsas de supermercado, de esas de papel, traía comida y cigarrillos. En el fondo de una de las bolsas había una botella de bourbon. "Por los viejos tiempos" dijo. "Lo he dejado, ya lo sabes" dije. "¿Dejarás que beba yo sola? Sabes que no me gusta beber sola". Era cierto, no le gustaba beber sola. ¿Significaba eso que si no bebía conmigo se iría a beber con otro? "Ya veremos" dije tratando de ganar tiempo.
Nos besamos e hicimos el amor (o algo que se le parecía tanto que si no lo era ninguno de los dos se atrevió a decirlo). Hasta ese momento (es decir, hasta que la besé) no me había dado cuenta de que estaba temblando. Un rato después, tumbado boca arriba en la cama pensé que tal vez sólo quería que la abrazara, sentirse a salvo. Siempre había intuido que muchas mujeres se entregaban a juegos de cama por sentirse abrazadas. Era algo que había ido averiguando con el paso de los años. No por decenas de mujeres que pasaron por mi cama, sinó por otras decenas. La noche es un lugar donde se encuentran toda clase de gente, también cientos de chicas que no saben hacia donde van. Para un habitante de la noche, que quizás fui, no hubiera sido un problema acoger ciertas almas perdidas, caerles simpático... acompañarlas a casa. ¿Qué no está bien? Ya dije que yo era un buen tipo, y que nunca he querido parecer serlo. Al final, toda maldad siempre se paga, siempre acaba uno recibiendo su merecido, siempre le cae a uno una maldición, una condena. Y ella fue mi castigo, estoy convencido. Un castigo que me merecía y del que estaba orgulloso.
Tumbado en la cama boca arriba lo supe, lo sabía antes de que nos enzarzáramos en una pelea de besos. Ella quería lo que hay antes y después del deseo, quería que la quisieran y quería que le llamaran princesa, quería que la llevaran en volandas a un lugar en el que la querrían. Yo también necesitaba saber que no estaba solo, que ella estaba allí conmigo, quería que volvieran los buenos tiempos. Fue como un simulacro de incendios: todo indicaba que en algún lugar había fuego pero no se vio llama alguna por ninguna parte. No le pregunté qué le había pasado ni dónde había estado. Sólo hicimos el amor y dormimos abrazados. A veces no debería haber nada más que eso. Pero lo hay. Ella tuvo pesadillas y se despertó varias veces asustada y tranquilizándose sólo al comprobar que estaba en la misma habitación de motel en la que horas antes había me había encontrado a mí esperándola. Y yo estuve atento a los ruidos que venían de afuera, donde todos los gatos son pardos y rebuscan entre los cubos de basura esperando encontrar algo que llevarse a la boca o, simplemente, algo mágico que les cambie la suerte. Todos buscamos algo maravilloso, algo que nos libre de la certeza de que estamos realmente solos. Todos nos pasamos la vida buscando dejar de buscar.
jueves, 17 de abril de 2008
El salto
lunes, 14 de abril de 2008
Paz, sigue adelante
Saltando edificios
y precipicios,
lanzándote al vacío,
quedan llagas
en todo lo que es materia,
y en el alma...
que no cicatrizan,
ni cierran prontamente;
a veces, nunca...
se equivoca uno
tantas veces.
La actitud es lo importante,
llámese FE;
llámese confianza... esperanza...
comprender que nunca se está solo;
asumir que todo en pie se levanta.
Viene enseñando la existencia
si se entiende,
que cada tropiezo
es sólo una ecuación mal hecha...
hay que rehacerla
hasta que quede perfecta.
Pero la graduación viene,
el día en que aquí terminamos,
nos vamos...
Hoy es un día de paz,
quizá mañana así no sea,
pero atrapando lúcidos instantes
en que se encuentra el escape,
salidas de puertas antes bien cerradas,
para vivir,
que es lo importante;
con sencillez, humildad, vigilante,
se puede aprender... tanto,
de quien siempre
se creyó...de todos...
el más ignorante.
Hoy es un día de paz
para seguir adelante...
Magia
Magia es probar...
Es el agua, es el viento
Es resumen de todo lo que siento
Es la arena, es el sentimiento
Es la tinta que no borra ni el silencio...
Es el aire estando de puntillas
Es la vida cogiendo carrerilla
Es el sabor de lo pequeño...
Es tocar un sueño...
Es el mapa de un suspiro
Es lo que hay cuando te miro
Es el duende del latido de tu corazon...
Magia es probar de volcar lo que hay en el fondo de ti
Magia es verte sonreir...
Magia es probar de saltar sin mirar
Es caer y volver a empezar...
Es el tiempo, es la hoguera
Es la mano que mece la marea
Es la tierra, es la bandera blanca
Es la gota de una lluvia de esperanza...
Es el mapa de un suspiro
Es lo que hay cuando te miro
Es el duende del latido de tu corazon y el mío
Es la meta y el camino
Es la suerte y el destino
Magia es probar...
viernes, 13 de abril de 2007
Si por un instante
Muere lentamente, por Neruda
· Muere lentamente quien se transforma en esclavo del hábito, repitiendo todos los días los mismos trayectos, quien no cambia de marca, no arriesga vestir un color nuevo y no le habla a quien no conoce.
miércoles, 28 de marzo de 2007
Un poco de música
martes, 27 de marzo de 2007
Creo
Creo en mi alma,
Creo en ese mundo mejor
y que nos destella ánimo
cuando estamos despiertos.
Creo en mi sueño,
Creo en el destino,
Creo en mis ganas de dar y creo
Creo en la amistad, en los besos,
Creo en mi esfuerzo por crecer,
Creo en las señales del destino y en un futuro
Creo en mí;
Creo en los sentimientos
Creo en el amor y en ese modo
