sábado, 29 de noviembre de 2008

Amanecí sin ella

Nos levantamos a las once. Hacía mucho tiempo que no me quedaba en la cama después de despertarme, siempre hay algún asunto esperándome, algo que no tiene la delicadeza de dejarlo para otro día. Pero hoy... hoy estoy en la cama con ella, la claridad del sol lo inunda todo, hay silencio, el tiempo se ha detenido y no voy a ser yo quien lo ponga en marcha. Estaría así siempre. Ella también está despierta, no le puedo ver la cara pero lo intuyo. Está de espaldas a mí y no se mueve. No sabe que yo sé que está despierta porque cuando duerme su cuerpo es un remanso y cuando finge que duerme algo se tensa dentro de ella, un pensamiento, un no sé qué. Así que sé que está despierta y está pensando en algo, algo que no quiere que vean mis ojos o que intuya mi alma. He pasado años tratando de entender ese lenguaje que tiene sus silencios. Y al final, los he ido entendiendo, esta vez es como aquella en la que nos fuimos a vivir al campo, ella, Eva y yo. Pero también es como aquella otra que se fue a vivir con aquel tipo estirado dejándome sin previo aviso y como cuando dejó, durante una temporada, de ir a ciertos garitos a ciertas horas. Estoy seguro de que quiere empezar de nuevo. Sí, de lo que no estoy tan seguro es de si esta vez querrá que yo le acompañe. Empezar de nuevo. Daría mi mano derecha por empezar de nuevo en un nuevo lugar, con ella, para siempre. Un pisito, quizá una casita, un trabajo en el que no tenga que romperle los huesos a nadie, una vida normal, sí, con pastel de manzana enfriándose en el quicio de la ventana, con beso de bienvenida al llegar a casa, con un sofá y una tele y un cuarto para las herramientas y el bricolage del domingo, una vida sana en un mundo casi feliz. Siempre he querido algo así, siempre, desde que era niño, lo suficiente niño como para querer ser mayor.
Ella se da la vuelta e inicia una pequeña obra en la que interpreta a alguien que se despierta y se alegra de verme. "Buenos días, cariño" dice con voz nasal. Yo le sonrío, probablemente con una expresión estúpida en mi cara. Despeinada y con los ojos hinchados por el sueño me devuelve la sonrisa. Así deben de esperarte los ángeles cuando te mueres y vas al cielo. Su cuerpo tibio busca el mío y se acurruca en un gesto inocente que agradezco desde tan adentro que estoy seguro que nunca antes había sentido tanta gratitud hacia algo tan pequeño. Tiene la cabeza en mi pecho, así no puedo mirarle a los ojos, esto no me gusta, una alarma se enciende. Mi corazón palpita con más fuerza y ella lo percibe. Se da cuenta de que yo ya lo intuyo y empieza a hablarme sin mirarme a los ojos, allí, en las profundidades de mi alma, me dice que está cansada de huír, que ya no quiere seguir con la mala vida, que buscará un trabajo, se buscará un apartamento de alquiler, que dejará de salir sola y de noche, que tratará de empezar una nueva vida... en la que no quiere nada del pasado. Mi corazón se paraliza. Está bien, fracasado, ahora sí que es el fin, sabes que esta vez es la definitiva, que cuando te despidas esta vez de ella se la tragará la tierra. A ella, a Eva, a la posibilidad de ser un hombre normal con una vida común. Ahora sí que sabes lo que es estar muerto, lo que es no tener esperanza. Tu esperanza era ella, que ella te quisiera lo suficiente como para poder empezar algo juntos. Está bien, fracasado, sabes que cuando os despidáis ella tirará tu número de teléfono y no te buscará ya nunca más. Lo sabes, porque su cuerpo respira una paz que nunca antes le habías notado. Esa debe de ser la paz que después de muchos años y muchas equivocaciones acaba uno teniendo consigo mismo. Tú eso nunca lo sabrás y la envidias por eso. La envidias y la admiras. "Está bien, princesa. Cogeremos el coche y te dejaré donde tú digas" le digo.
Horas más tarde, dentro del coche, me da un beso y se baja en una esquina de una calle del centro de una ciudad con anchas aceras y muchos árboles. Y la veo alejarse. Su cuerpo menudo se pierde entre la gente. Pensé que esta vez sí y fue que esta vez nunca más, mala suerte. No recuerdo una vez en la que me haya sentido tan derrotado. Me pongo a llorar. Nunca antes lo había hecho que yo recuerde, ni cuando era un niño. La gente que pasa por la calle me mira de reojo. Nadie me dice nada. Me miro en el retrovisor y veo a alguien al que ya no le queda nada, ni tan siquiera la esperanza de morir por ella.

Regresó e hicimos el amor

Regresó a los dos días. La verdad, no me lo esperaba. Sin embargo ella sí parecía esperar encontrarme en la habitación del motel. Entró como si sólo hubiera salido unas horas, con cierta naturalidad artificiosa. Ambos sabíamos que había querido irse y dejarme colgado sin coche, sin dinero y con la imposibilidad de volver a mi casa, detrás de la frontera. Por tanto, los dos sabíamos que algo había ido mal en su huída y había vuelto de acuerdo con un plan B que no tenía previsto cuando se fue dejándome en el motel. Me miró desde la puerta tratando de averiguar qué grado de enfado tenía. Por suerte, no suelo dejar cosas al azar, sabía que si me mostraba violento ella saldría corriendo así que no hice ningún ademán de acercarme a ella. Ella tenía las llaves del coche, sabía donde estaba el coche. En ese tipo de cosas era muy lista. Estaba acostumbrada a tener cosas que otros querían y sabía jugar con ello. Aún así dudaba en si acercarse o no. Lo que no sabía era que, a pesar de todo, no iba a hacerle nada, es más, ¿y por qué no decirlo? que hasta me alegraba de verla. Quizá más que alegrarme lo que sentí fue cierto alivio. Ya no estaba solo, sin coche, sin dinero, en un lugar peligroso y casi desconocido para mí. Ahora ella estaba conmigo y con ella tal vez volvieran el coche y la posibilidad de volver a casa. Tal vez, incluso, simularíamos que nos alegrábamos tanto de vernos que nos daríamos un abrazo, nos buscaríamos los labios y los cuerpos... quizá. Lo cierto es que, si hubiera sido un perro, habría meneado el rabo. Pero sólo le dije que me había preocupado, que no eran calles para un chica como ella. Ella sólo respondió enfadada: "Me gustaría que empezaras a verme cómo soy y no como te imaginas que debería ser".
Llegó con unas bolsas de supermercado, de esas de papel, traía comida y cigarrillos. En el fondo de una de las bolsas había una botella de bourbon. "Por los viejos tiempos" dijo. "Lo he dejado, ya lo sabes" dije. "¿Dejarás que beba yo sola? Sabes que no me gusta beber sola". Era cierto, no le gustaba beber sola. ¿Significaba eso que si no bebía conmigo se iría a beber con otro? "Ya veremos" dije tratando de ganar tiempo.
Nos besamos e hicimos el amor (o algo que se le parecía tanto que si no lo era ninguno de los dos se atrevió a decirlo). Hasta ese momento (es decir, hasta que la besé) no me había dado cuenta de que estaba temblando. Un rato después, tumbado boca arriba en la cama pensé que tal vez sólo quería que la abrazara, sentirse a salvo. Siempre había intuido que muchas mujeres se entregaban a juegos de cama por sentirse abrazadas. Era algo que había ido averiguando con el paso de los años. No por decenas de mujeres que pasaron por mi cama, sinó por otras decenas. La noche es un lugar donde se encuentran toda clase de gente, también cientos de chicas que no saben hacia donde van. Para un habitante de la noche, que quizás fui, no hubiera sido un problema acoger ciertas almas perdidas, caerles simpático... acompañarlas a casa. ¿Qué no está bien? Ya dije que yo era un buen tipo, y que nunca he querido parecer serlo. Al final, toda maldad siempre se paga, siempre acaba uno recibiendo su merecido, siempre le cae a uno una maldición, una condena. Y ella fue mi castigo, estoy convencido. Un castigo que me merecía y del que estaba orgulloso.
Tumbado en la cama boca arriba lo supe, lo sabía antes de que nos enzarzáramos en una pelea de besos. Ella quería lo que hay antes y después del deseo, quería que la quisieran y quería que le llamaran princesa, quería que la llevaran en volandas a un lugar en el que la querrían. Yo también necesitaba saber que no estaba solo, que ella estaba allí conmigo, quería que volvieran los buenos tiempos. Fue como un simulacro de incendios: todo indicaba que en algún lugar había fuego pero no se vio llama alguna por ninguna parte. No le pregunté qué le había pasado ni dónde había estado. Sólo hicimos el amor y dormimos abrazados. A veces no debería haber nada más que eso. Pero lo hay. Ella tuvo pesadillas y se despertó varias veces asustada y tranquilizándose sólo al comprobar que estaba en la misma habitación de motel en la que horas antes había me había encontrado a mí esperándola. Y yo estuve atento a los ruidos que venían de afuera, donde todos los gatos son pardos y rebuscan entre los cubos de basura esperando encontrar algo que llevarse a la boca o, simplemente, algo mágico que les cambie la suerte. Todos buscamos algo maravilloso, algo que nos libre de la certeza de que estamos realmente solos. Todos nos pasamos la vida buscando dejar de buscar.

jueves, 17 de abril de 2008

El salto

Saltando tejados entre callejones estrechos, la fuerza inquietante de la gravedad sigue inalterable bajo los pies y lleva a tus ojos a mirar hacia abajo. Pero lo que antes de saltar hacía dudar al inconsciente, ahora la altura y la sensación de vértigo transita como una fuerte onda expansiva desde la inconsciencia hacia la consciencia haciéndote pesar mucho más. Respiras hondo en un último impulso en busqueda de oxígeno, impulso mezclado con el grito apagado por la tensión de los músculos. Es la sensación de compresión y expansión que antecede al volar, y estás volando, en el aire. La convicción de la decisión que ya has tomado es lo que importa, la que balancea si caes o llegas al otro lado, sin grises. Pero no nos dieron alas, debemos caer, mejor o peor.

lunes, 14 de abril de 2008

Paz, sigue adelante

Saltando edificios

y precipicios,

lanzándote al vacío,

quedan llagas

en todo lo que es materia,

y en el alma...

que no cicatrizan,

ni cierran prontamente;

a veces, nunca...

se equivoca uno

tantas veces.

La actitud es lo importante,

llámese FE;

llámese confianza... esperanza...

comprender que nunca se está solo;

asumir que todo en pie se levanta.

Viene enseñando la existencia

si se entiende,

que cada tropiezo

es sólo una ecuación mal hecha...

hay que rehacerla

hasta que quede perfecta.

Pero la graduación viene,

el día en que aquí terminamos,

nos vamos...

Hoy es un día de paz,

quizá mañana así no sea,

pero atrapando lúcidos instantes

en que se encuentra el escape,

salidas de puertas antes bien cerradas,

para vivir,

que es lo importante;

con sencillez, humildad, vigilante,

se puede aprender... tanto,

de quien siempre

se creyó...de todos...

el más ignorante.

Hoy es un día de paz

para seguir adelante...

Magia

Magia es probar...

Es el agua, es el viento
Es resumen de todo lo que siento
Es la arena, es el sentimiento
Es la tinta que no borra ni el silencio...
Es el aire estando de puntillas
Es la vida cogiendo carrerilla
Es el sabor de lo pequeño...
Es tocar un sueño...
Es el mapa de un suspiro
Es lo que hay cuando te miro
Es el duende del latido de tu corazon...

Magia es probar de volcar lo que hay en el fondo de ti
Magia es verte sonreir...
Magia es probar de saltar sin mirar
Es caer y volver a empezar...

Es el tiempo, es la hoguera
Es la mano que mece la marea
Es la tierra, es la bandera blanca
Es la gota de una lluvia de esperanza...

Es el mapa de un suspiro
Es lo que hay cuando te miro
Es el duende del latido de tu corazon y el mío
Es la meta y el camino
Es la suerte y el destino

Magia es probar...

viernes, 13 de abril de 2007

Si por un instante

Estas palabras son de Gabriel García Márquez, autor de "100 años de soledad" o "el amor en tiempos del cólera"... (http://sololiteratura.com/ggm/marquezobras.htm).
Se ha retirado de la vida pública por razones de salud: cáncer linfático y hoy a 25-3-07 nos hace llegar, sin dejarnos indiferentes, estas preciosas palabras…
.
Si por un instante Dios se olvidara de que soy una marioneta de trapo y me regalara un trozo de vida, aprovecharía ese tiempo lo más que pudiera. Posiblemente no diría todo lo que pienso, pero en definitiva pensaría todo lo que digo.
Daría valor a las cosas, no por lo que valen, sino por lo que significan. Dormiría poco, soñaría más, entiendo que por cada minuto que cerramos los ojos, perdemos sesenta segundos de luz. Andaría cuando los demás se detienen, despertaría cuando los demás duermen.
Si Dios me obsequiara un trozo de vida, vestiría sencillo, me tiraría de bruces al sol, dejando descubierto, no solamente mi cuerpo, sino mi alma.
A los hombres les probaría cuán equivocados están al pensar que dejan de enamorarse cuando envejecen, sin saber que envejecen cuando dejan de enamorarse.
A un niño le daría alas, pero le dejaría que él solo aprendiese a volar.
A los viejos les enseñaría que la muerte no llega con la vejez, sino con el olvido.
Tantas cosas he aprendido de ustedes, los hombres…He aprendido que todo el mundo quiere vivir en la cima de la montaña, sin saber que la verdadera felicidad está en la forma de subir la escarpada.
He aprendido que cuando un recién nacido aprieta con su pequeño puño, por primera vez, el dedo de su padre, lo tiene atrapado por siempre.
He aprendido que un hombre sólo tiene derecho a mirar a otro hacia abajo, cuando ha de ayudarle a levantarse. Son tantas cosas las que he podido aprender de ustedes, pero realmente de mucho no habrán de servir, porque cuando me guarden dentro de esa maleta, infelizmente me estaré muriendo.
Siempre di lo que sientes y haz lo que piensas. Si supiera que hoy fuera la última vez que te voy a ver dormir, te abrazaría fuertemente y rezaría al Señor para poder ser el guardián de tu alma. Si supiera que estos son los últimos minutos que te veo diría “te quiero” y no asumiría, tontamente, que ya lo sabes.
Siempre hay un mañana y la vida nos da otra oportunidad para hacer las cosas bien, pero por si me equivoco y hoy es todo lo que nos queda, me gustaría decirte cuanto te quiero, que nunca te olvidaré. El mañana no le está asegurado a nadie, joven o viejo. Hoy puede ser la última vez que veas a los que amas. Por eso no esperes más, hazlo hoy, ya que si el mañana nunca llega, seguramente lamentarás el día que no tomaste tiempo para una sonrisa, un abrazo, un beso y que estuviste muy ocupado para concederles un último deseo.
Mantén a los que amas cerca de ti, diles al oído lo mucho que los necesitas, quiérelos y trátalos bien, toma tiempo para decirles “lo siento”, “perdóname”, “por favor”, “gracias” y todas las palabras de amor que conoces.
Nadie te recordará por tus pensamientos secretos. Pide al Señor la fuerza y sabiduría para expresarlos. Demuestra a tus seres queridos cuánto te importan.

Muere lentamente, por Neruda


· Muere lentamente quien se transforma en esclavo del hábito, repitiendo todos los días los mismos trayectos, quien no cambia de marca, no arriesga vestir un color nuevo y no le habla a quien no conoce.
· Muere lentamente quien hace de la televisión su gurú.
· Muere lentamente quien evita una pasión, quien prefiere el negro sobre blanco y los puntos sobre las "íes" a un remolino de emociones, justamente las que rescatan el brillo de los ojos, sonrisas de los bostezos, corazones a los tropiezos y sentimientos.
· Muere lentamente quien no voltea la mesa cuando está infeliz en el trabajo, quien no arriesga lo cierto por lo incierto para ir detrás de un sueño, quien no se permite por lo menos una vez en la vida, huir de los consejos sensatos.
· Muere lentamente quien no viaja, quien no lee, quien no oye música, quien no encuentra gracia en sí mismo.
· Muere lentamente quien destruye su amor propio, quien no se deja ayudar.
· Muere lentamente, quien pasa los días quejándose de su mala suerte o de la lluvia incesante.
· Muere lentamente, quien abandona un proyecto antes de iniciarlo, no preguntando de un asunto que desconoce o no respondiendo cuando le indagan sobre algo que sabe.
· Evitemos la muerte en suaves cuotas, recordando siempre que estar vivo exige un esfuerzo mucho mayor que el simple hecho de respirar.
· Solamente la ardiente paciencia hará que conquistemos una espléndida felicidad.
Pablo Neruda

miércoles, 28 de marzo de 2007

Un poco de música

Es en esos momentos de descanso cuando me dejo ir muy lejos, tan lejos cómo pueda mi imaginación. Suelo meterme en esta página (http://www.musicovery.com/) y poco a poco viajo dentro del amplio recopilatorio world. Discoteca que abarca estilos que no se han llegado a comercializar de forma masiva y que pertenecen a esos lugares cultural y sociológicamente únicos. Son esos estilos los que siguen una evolución paulatina con el lugar, los que parecen un fruto directo de esa tierra, de la lluvia, de la gaia que de alguna forma intensa allí habita. Inalterados por la influencia de los sobreexplotados estilos comerciales en el paso del tiempo. Puros y efervescentes. Son esos estilos los que de una forma directa te unen a la historia de la tierra y a su gente, los que antaño solo se podían conocer viajando. Hoy día gracias a la red y a ideas como esta se están dando oportunidades a esos estilos menos escuchados, y dándonos la oportunidad a nosotros de sentir y comprender mejor, aun que sea por unos instantes, ese mágico lugar que nos llega en forma de música.

martes, 27 de marzo de 2007

Creo

Creo en mis formas, en mis caminos;
en esos que duelen pero que rinden frutos.
Creo en el sendero de la verdad,
en el sendero difícil.

Creo en mi alma,
en esa porción agazapada de mí.
Creo en mis palabras, en mis frases,
en mis abrazos y en mis miradas.

Creo en ese mundo mejor
que todos vivimos en sueños
y que nos destella ánimo
cuando estamos despiertos.

Creo en mi sueño,
en el magnífico sueño que seguiré
construyendo hasta que no me queden
más fuerzas para creer.

Creo en el destino,
en mi historia,
en mis pasos y en mi experiencia.

Creo en mis ganas de dar y creo
en un mundo maravilloso que espera
recibir mi gota de cariño.

Creo en la amistad, en los besos,
en la lluvia,
en las sonrisas y en los secretos.

Creo en mi esfuerzo por crecer,
en mis ganas de crecer.
Creo en la vida,
y en la magia con la que toca
todas las cosas.

Creo en las señales del destino y en un futuro
de recompensa para quienes afrontan
el desafío de ser fieles a sí mismos.

Creo en mí;
sobre todo creo en mí cuando caigo,
cuando no tengo fuerzas,
cuando el viento sopla
y mis velas ceden,
sigo creyendo en aguantar
y en volver con todas mis fuerzas
para seguir y seguir creyendo,
y seguir andando, y seguir viviendo.

Creo en los sentimientos
que pueden hacer de cada día
un sol distinto y
por supuesto…

Creo en el amor y en ese modo
indescriptible de estar parado
ante la vida, en esa manera intrépida
de hacer transcurrir el tiempo,
en esa forma tan peligrosa y a la vez
tan excitante de tener
el corazón abierto.

lunes, 26 de marzo de 2007

Dejándome llevar

Acompañada por el trino de los pájaros, que buscan cobijo en las copas de los árboles, la luz lentamente se hace tenue. Las ideas de un sin parar de vivir surgen en algun rincón de mi cabeza, apoderándose de mis obligaciones, de mi deber con el proyecto. Sin duda está llegando la hora. Recojo de forma inconsciente mi zona en el laboratorio, con la mente inmersa, como nadando en un fluido espeso. Divago, llevado por esa fuerza mayor, por las locuras que transitan las dos actividades, a su modo y manera, intelectuales. Todo, sencillamente, está en su sitio. ¿Habré hecho un récord? Que importa. Ahora lo veo muy claro, la noche parece esperarme a la salida, abriéndome atenta la puerta de un taxi, sonrojándome por no poder evitar la expresión de natural invulnerabilidad, esa sensación dormida que solo despierta cuando verdaderamente te lo propones. Elijo no pensar, sin llegar a relajarme y sentir lo que realmente quiero hacer, únicamente quiero dejarme llevar. Me llevan las teclas de este teclado, todas esas ideas de un sin parar de vivir, el fluido de la vida que corre por la venas que parece definirse con la velocidad, los recuerdos anticuados a mi forma de ser deseando cambiar, me lleva el perfume del jardín, aquellas noches en la playa con la luz de las antorchas planeando donde viajar… sin duda; ha llegado la hora.